Cochinilla blanca del mango: cómo identificar y manejar Aulacaspis tubercularis
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La cochinilla blanca, Aulacaspis tubercularis, conocida también como cochinilla de la nieve, se ha convertido en una de las plagas que más atención requiere en las plantaciones comerciales de mango del sur de España.
El problema principal no está tanto en la pérdida directa de producción como en el daño sobre el fruto. Una infestación que parece pequeña durante el desarrollo del mango termina afectando a su aspecto y, con ello, a su categoría y valor comercial.
La RAIF la considera actualmente una de las principales plagas del mango en Andalucía. (Junta de Andalucía)
¿Qué es Aulacaspis tubercularis?
Aulacaspis tubercularis es un insecto de la familia Diaspididae. Vive protegido por un escudo ceroso y coloniza principalmente hojas, ramas y frutos.
Presenta un marcado dimorfismo sexual.
La hembra adulta tiene aspecto redondeado y queda protegida bajo un escudo blanquecino. Los machos presentan escudos blancos más pequeños y alargados. Las formas juveniles móviles son las responsables de buena parte de la dispersión por el árbol. (Junta de Andalucía)
Esta diferencia resulta útil para reconocer una colonia en campo.
¿Por qué preocupa tanto en mango comercial?
Porque ataca directamente a la presentación del fruto.
Cuando la cochinilla se instala sobre el mango aparecen zonas decoloradas alrededor de los puntos donde se ha fijado. El resultado son manchas que permanecen visibles durante la maduración.
Un mango afectado sigue teniendo peso, pero pierde calidad comercial.
Esto adquiere especial importancia cuando la producción se destina a mercados donde se exige una fruta visualmente limpia y homogénea.
IFAPA considera Aulacaspis tubercularis una plaga clave del mango en Andalucía debido precisamente a las pérdidas económicas asociadas al daño estético sobre los frutos. (Junta de Andalucía)
El daño característico sobre el fruto
Este es el síntoma que el agricultor debe aprender a reconocer.

La presencia de pequeños escudos blancos sobre la piel termina produciendo alteraciones de color. Cuando llegamos a recolección, corregir el problema ya no es una opción.
La estrategia debe plantearse antes.
¿Dónde debemos buscar la cochinilla?
Uno de los errores frecuentes consiste en mirar únicamente los frutos.
El seguimiento debe comenzar en las hojas y en el interior de la copa.

La RAIF recomienda prestar especial atención a estas zonas interiores, donde resulta más fácil localizar los primeros focos. (Junta de Andalucía)
En una revisión práctica de la plantación conviene observar:
Hojas del interior de la copa.
Envés de las hojas.
Ramas con antecedentes de infestación.
Árboles donde apareció cochinilla la campaña anterior.
Frutos situados cerca de hojas infestadas.
Zonas densas y poco aireadas del árbol.
No interesa recorrer la finca mirando árboles al azar. Conviene identificar los focos y comprobar su evolución.
El momento de actuar importa
Aquí está una de las claves del manejo.
Las hembras adultas están protegidas bajo su escudo. Esta protección dificulta el contacto de los tratamientos con el insecto.
Las formas juveniles móviles carecen inicialmente de esa protección.
Por este motivo, detectar la presencia de estados juveniles y conocer la evolución de la población ayuda a elegir mejor el momento de intervención.
Tratar porque vemos escudos blancos no significa necesariamente que estemos tratando en el momento de mayor sensibilidad de la plaga.
¿Qué hacer cuando encontramos un foco?
La primera decisión no debería ser aplicar automáticamente un insecticida.
Primero hay que valorar la extensión.
Si encontramos una rama o una zona concreta afectada, interesa marcar ese árbol y revisar los árboles próximos. Así sabremos si estamos ante un foco localizado o una infestación extendida.
En ataques localizados, la poda y eliminación del material fuertemente infestado ayuda a reducir población. La poda también abre la copa y mejora posteriormente la penetración de las aplicaciones.
La RAIF incluye la poda de saneamiento, el seguimiento de focos y otras medidas culturales dentro de la gestión integrada de esta plaga. (Junta de Andalucía)
La importancia de mojar bien el árbol
Aulacaspis tubercularis plantea un problema práctico: se esconde.
Una aplicación que moja principalmente el exterior del árbol deja sin tratar buena parte de las zonas donde se mantienen las colonias.
En árboles grandes y densos, la calidad de aplicación llega a ser tan importante como el producto empleado.
Hay que buscar una cobertura homogénea de:
Interior de la copa.
Hojas.
Ramas.
Zonas donde previamente hemos localizado colonias.
Esto también explica por qué una poda que mantenga el árbol accesible facilita el control fitosanitario.
Aceites parafínicos y control integrado
Los trabajos realizados por IFAPA en Málaga han estudiado distintas estrategias para el control de Aulacaspis tubercularis.
Entre ellas destaca el empleo de aceites parafínicos. IFAPA señala que estos aceites han mostrado eficacia en ensayos de campo y los incluye dentro de las herramientas disponibles para su gestión integrada. (Junta de Andalucía)
Esto no significa que debamos establecer una receta fija.
La elección de cualquier tratamiento debe hacerse según el estado de la plaga, momento fenológico, nivel de infestación y productos autorizados en mango en el momento de realizar la aplicación.
También tenemos fauna auxiliar trabajando
La plantación no está sola frente a Aulacaspis.
IFAPA ha identificado enemigos naturales asociados a esta cochinilla, entre ellos el depredador Cybocephalus nipponicus y el parasitoide Encarsia citrina. (Junta de Andalucía)
Esto tiene una consecuencia práctica.
Un programa de tratamientos excesivamente agresivo contra insectos auxiliares termina perjudicando parte del control natural existente en la finca.
La estrategia debe buscar mantener la cochinilla por debajo de niveles que provoquen daños comerciales, combinando seguimiento, manejo de la copa, eliminación de focos, fauna auxiliar y tratamientos cuando sean necesarios.
Un error: acordarse de la cochinilla cuando el mango ya está cerca de recolección
En septiembre encontramos fácilmente el problema porque el fruto lo hace visible.
Pero entonces hemos llegado tarde.
La RAIF ha observado que las temperaturas suaves favorecen el mantenimiento y crecimiento de las colonias incluso durante periodos en los que todavía no existe fruto. La recomendación es evitar que estas poblaciones crezcan y generen posteriormente problemas más difíciles de controlar. (Junta de Andalucía)
Por eso el manejo debe continuar después de cosecha.
Tras la recolección tenemos una buena oportunidad para:
Sanear árboles, reducir focos, controlar las poblaciones que permanecen en hojas y ramas y preparar una copa más abierta para la campaña siguiente.
Un protocolo sencillo para tu finca de mango
Si tienes antecedentes de cochinilla blanca, trabaja de forma sistemática:
Revisa periódicamente árboles y hojas del interior de la copa.
Marca los primeros árboles afectados.
Comprueba los árboles situados alrededor.
Diferencia entre escudos establecidos y presencia de formas juveniles.
Elimina mediante poda los focos fuertes cuando resulte agronómicamente viable.
Mantén una copa que permita entrada de luz, aire y caldo de tratamiento.
Protege la fauna auxiliar.
Si necesitas intervenir, selecciona productos autorizados y busca el momento de mayor sensibilidad.
Revisa el resultado después del tratamiento.
Mantén el seguimiento después de cosecha.
El objetivo no es esperar a encontrar mangos manchados.
El objetivo es llegar al periodo de desarrollo del fruto con una población de Aulacaspis tubercularis lo más baja posible.
Para consultar información técnica, IFAPA dispone de una publicación específica sobre su gestión integrada y otra sobre estrategias de control. Gestión Integrada de la Cochinilla Blanca del Mango, IFAPA Control químico sostenible de Aulacaspis tubercularis, IFAPA
Añadiría esta sección al artículo, justo después del protocolo de manejo:
Calendario anual para el control de la cochinilla blanca del mango en la Axarquía
El control de Aulacaspis tubercularis no debe concentrarse únicamente en los meses previos a la recolección. En mango comercial interesa mantener poblaciones bajas durante todo el ciclo y evitar que la plaga alcance el fruto.
Las fechas cambian según temperatura, orientación de la finca, variedad y evolución de cada campaña. Por eso, el calendario debe servir como guía y el seguimiento de la finca debe marcar el momento de intervención.
Enero y febrero. Revisar y sanear
Durante el invierno tenemos una buena oportunidad para conocer el nivel de infestación que permanece en la plantación.
Conviene:
Revisar hojas, ramas y zonas interiores de la copa.
Localizar los árboles con mayor presencia de escudos.
Marcar los focos para seguirlos durante la primavera.
Retirar mediante poda las ramas fuertemente infestadas cuando sea viable.
Evitar copas excesivamente cerradas.
Una población alta al final del invierno supone una mayor presión de plaga cuando suban las temperaturas.
Marzo y abril. Intensificar la vigilancia
Con el aumento de las temperaturas aumenta la actividad biológica del insecto.
Aquí interesa pasar de una revisión general a un seguimiento periódico de los focos conocidos.
Debemos observar especialmente el envés de las hojas y buscar formas juveniles móviles.
Este punto es importante. Una hembra protegida por su escudo resulta más difícil de alcanzar. Las formas juveniles recién nacidas presentan mayor exposición.
No basta con saber que tenemos cochinilla. Hay que conocer en qué estado se encuentra.
Mayo y junio. Periodo de especial atención
Con el fruto recién cuajado comienza una etapa crítica para el mango comercial.
El objetivo es impedir que las nuevas generaciones colonicen los frutos.
Durante este periodo debemos:
Revisar los focos detectados anteriormente.
Observar hojas próximas a los frutos.
Buscar nuevas colonias.
Comprobar si existen formas juveniles móviles.
Evaluar la presencia de enemigos naturales.
Decidir la necesidad de intervención según la presión existente.
En una finca con antecedentes importantes de Aulacaspis tubercularis, esperar a ver daños en los frutos es una mala estrategia.
Julio y agosto. Proteger la calidad comercial
El fruto está desarrollándose y cualquier colonización adquiere mayor importancia económica.
Hay que prestar atención a los frutos situados cerca de hojas o ramas infestadas.
Las aplicaciones, cuando estén justificadas, necesitan una buena cobertura. En árboles grandes, un tratamiento que moje únicamente la parte exterior de la copa tendrá una eficacia limitada frente a colonias situadas en el interior.
Desde AGROGIMEDEL, recomendamos tratar con: NEMOLI + AVENGER alternando con LOBEZNO + AVENGER.
Ambos tratamientos hay que hacerlos mojando bien todo el árbol y por la mañana temprano, cuando las temperaturas no son tan elevadas como el resto del día.
El objetivo durante estos meses es claro: mantener limpio el fruto.
Septiembre y octubre. Recolección y evaluación
Según variedad y zona de cultivo entramos en periodo de recolección.
Ahora resulta sencillo detectar el resultado del manejo realizado durante los meses anteriores.
Conviene registrar:
Árboles con frutos afectados.
Sectores de la finca con mayor incidencia.
Porcentaje aproximado de fruta con síntomas.
Presencia de cochinilla en hojas y ramas.
Diferencias entre variedades o zonas de la parcela.
Esta información será importante para diseñar el manejo de la campaña siguiente.
Noviembre y diciembre. El control continúa después de cosecha
Después de recolectar no debemos olvidarnos de la cochinilla.
La población que permanece sobre hojas y ramas constituye el punto de partida de la siguiente campaña.
Es un buen momento para:
Revisar los árboles que produjeron fruta afectada.
Sanear los focos fuertes.
Eliminar material fuertemente infestado.
Mejorar la aireación de copas demasiado densas.
Valorar el nivel de población que queda en la finca.
Una buena estrategia de postcosecha reduce la presión con la que llegaremos a primavera.
La clave: localizar las nuevas generaciones
En Aulacaspis tubercularis, el calendario ayuda a organizar el seguimiento, pero no debe determinar por sí mismo la fecha de tratamiento.
La temperatura condiciona el desarrollo del insecto. Dos campañas diferentes no tienen por qué presentar los máximos de formas juveniles en las mismas fechas.
Por este motivo, el agricultor debe aprender a observar la plaga.
Si encontramos hembras adultas, conviene revisar periódicamente esas hojas para detectar la aparición de nuevas formas móviles.
Ese momento tiene especial interés para plantear las medidas de control.
Un programa anual sencillo
Podemos resumir la estrategia de esta forma:
Invierno: localizar, podar y reducir focos.
Primavera: vigilar la evolución de las poblaciones.
Cuajado: aumentar el seguimiento.
Engorde: evitar la colonización del fruto.
Recolección: medir los daños y localizar las zonas problemáticas.
Postcosecha: reducir la población que dará origen a la campaña siguiente.
En mango comercial, el objetivo no debe ser eliminar cada cochinilla del árbol. El objetivo es mantener Aulacaspis tubercularis en niveles que no comprometan la calidad y el valor comercial de la cosecha.
La prevención y el seguimiento temprano cuestan menos que llegar a recolección con fruta depreciada por manchas.